martes, 17 de enero de 2017

HERNÁN CORTÉS: HÉROE O ASESINO


En 1521, Hernán Cortés, al mando de un reducido grupo de españoles y de una coalición de pueblos indígenas, conquistó la ciudad de Tenochtitlán, poniendo fin al poderoso Imperio azteca. Como todos los grandes conquistadores del siglo XVI, Hernán Cortés no era un recién llegado a las Indias cuando emprendió la conquista del Imperio azteca.
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En 1519 -el año I Caña según el calendario azteca-, Cortés y su gente arribaron a la costa mexicana, donde se impusieron con rapidez a los hostiles indígenas de la zona. Como parte del botín de guerra se recibieron veinte jóvenes indias, entre las que se encontraba la que sería conocida como Malinche, o doña Marina, una doncella que dominaba varias lenguas indígenas y que pronto aprendió el castellano, con lo que resultó crucial para Cortés en sus designios de invasión. El conquistador engendró con ella a su hijo Martín, considerado el primer mestizo de la América continental. En su camino hacia Tenochtitlan, la capital del Imperio azteca, los españoles lograron el apoyo de los nativos totonacas de la ciudad de Cempoala, que de este modo se liberaban de la opresión azteca.
La ciudad sagrada de Cholula, que se alió con Moctezuma para tender una emboscada a los españoles y sus aliados indígenas, fue saqueada durante dos días por orden de Cortés. Con la ayuda de los totonacas y los tlaxcaltecas, a los que se unieron centenares de cholultecas, todos juntos «como hermanos contra aquel tirano fiero y carnicero de Moctezuma», como escribirá Diego Muñoz Camargo, el ejército de Cortés parecía invencible. Ante la marcha imparable de los conquistadores y espantado por la carnicería de Cholula, Moctezuma, el tlatoani azteca, optó por ganar tiempo y les franqueó la entrada a Tenochtitlan en noviembre de 1519. En los días posteriores a su llegada, Cortés se dedicó a pasear por las calles para elaborar su estrategia de conquista. Con su objetivo presente, supo aprovechar la excusa de un confuso complot indígena para apresar al emperador y convertirlo en su rehén. Sin embargo, Cortés hubo de abandonar apresuradamente la ciudad a comienzos de 1520 para hacer frente a una expedición de castigo enviada desde Cuba por Diego Velázquez.
En 1518, el modesto hidalgo nacido en Medellín (Extremadura) hacía unos 33 años, se había convertido en un próspero encomendero militar, tras pasar siete años en La Española y ocho en Cuba como secretario del gobernador Diego Velázquez. Era también un gran conocedor del mundo indígena y no estaba menos curtido en las trifulcas habituales entre los españoles de Indias, siempre deseosos de acrecentar sus patrimonios y enfrentado por el disfrute de las concesiones de indios y prebendas administrativas. Los españoles, asentados en las islas del Caribe, habían establecido escasos contactos con el imperio más poderoso del continente, el azteca.

Desde 1515, dos expediciones habían bordeado el litoral mexicano, y en 1518 Diego Velázquez encomendó una tercera expedición a su secretario, Hernán Cortés. Éste partió desde Cuba a finales de ese año. En los meses siguientes, desobedeciendo las órdenes del gobernador, convirtió lo que debía ser una misión exploratoria en una empresa de conquista de proporciones legendarias, que le permitió en poco tiempo hacerse con el dominio de un imperio poblado por más de 15 millones de personas.

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Cuando Cortés regresó a Tenochtitlán, el 24 de junio de 1520, encontró la ciudad sublevada contra Alvarado, quien, afectado por la tensión y el ambiente conspirativo, había ordenado la muerte de algunos notables aztecas que le parecieron sospechosos.
 Durante unos días, los españoles intentaron utilizar a Moctezuma para calmar los ánimos, pero fue en vano. El tlatoani fue lapidado en una comparecencia ante sus súbditos. En la llamada Noche Triste, el 30 de junio de 1520, Cortés y sus hombres se vieron obligados a huir de la ciudad, acosados por los aztecas, que les provocaron centenares de bajas. Pocos días después se libró la batalla de Otumba. Frente a los feroces guerreros jaguar y águila, los de Cortés pudieron recomponerse y hacer un uso efectivo de la caballería contra los aztecas. El regreso a Tenochtitlán no fue, esta vez, una simple exploración, sino una campaña militar en toda regla. Los saqueos permitieron a cada conquistador español mantener un séquito propio formado por mujeres, criados y esclavos. A finales de abril de 1521 comenzó el asedio final a la capital mexicana. En la lucha se impuso la superioridad técnica europea, pero sobre todo el desgaste provocado entre los sitiados por las enfermedades llegadas del Viejo Mundo -la viruela fue un auténtico caballo de Troya- y las penurias de todo tipo. La caída de Tenochtitlán arrojó un saldo terriblemente desigual en pérdidas humanas: murieron cien españoles por cien mil aztecas.Tras imponerse militarmente a otro pueblo nativo, los tlaxcaltecas, Cortés logró incorporar a sus tropas a miles de guerreros de esta etnia. El caudillo empezó a darse cuenta de la ventaja que para los españoles suponían las divisiones entre los distintos pueblos nativos, y especialmente el odio existente entre muchas poblaciones contra los aztecas y su política de imperialismo y terror. En cierto modo, la conquista de México por Cortés fue una guerra de liberación de los pueblos mexicanos frente al dominio azteca. Sin embargo, los aztecas también contaron con socios, con los que Cortés se mostró especialmente beligerante.

Resultado de imagen de hernan cortes conquistadorHoy en día sigue debatiéndose si Hernán Cortés fue un héroe o un villano. Yo creo que los dos.

martes, 18 de agosto de 2015

JUAN DE ESQUIVEL: DIEZ AÑOS DE CONQUISTA

Continuamos buceando en el mundo de los conquistadores; nos mantenemos en la zona antillana con un personaje mediocremente conocido como es Juan de Esquivel, normalmente considerado como el conquistador de Jamaica, aunque justo es decir que la isla ya contaba con asentamientos españoles desde los tiempos de Colón. 

Este sevillano, nacido en 1480, llegó por primera vez a las Américas en el segundo viaje de Cristóbal Colón en 1493. Participó en la conquista de La Española y fue comisionado por los vecinos de la misma para solicitar en España que el tercio real de las ganancias obtenidas por los colonos se redujera a un quinto, lo que fue conseguido con éxito. En 1503, acomete su primera empresa personal de conquista enviado por el gobernador Nicolás de Ovando. Se trataba de la pacificación de la provincia de Higüey, el extremo oriental de La Española; de hecho, la misma etimología del topónimo hace referencia a la luz, al lugar por donde sale el sol. La misión consistía en sofocar la rebelión del cacique Cotobamaná, lo que Juan de Esquivel realizó con brutalidad y contundencia persiguiendo a los indígenas hasta la isla de Saona acabando con la vida de los más problemáticos en el transcurso de la operación. Finalmente, el cacique Cotobamaná y él acordaron una tregua intercambiándose mutuamente los nombres, según la costumbre indígena.

Pero a pesar de llevar el nombre de nuestro protagonista, Cotobamaná no se dio por vencido y poco después organizó un nuevo alzamiento. Juan de Esquivel, esta vez con la ayuda de nuestro viejo conocido Ponce de León (ver este artículo), derrotó definitivamente a los taínos tomando cientos de prisioneros y arrasando sus poblados. El cacique Cotobamaná fue ahorcado en Santo Domingo. Esquivel se retira a la misma ciudad, donde contrae nupcias con Beatriz Álvarez de Herrera, después de fundar la villa de Salvaleón de Higüey.

Seis años más tarde, el nuevo gobernador, Diego Colón (hijo de Cristóbal Colón), reclama sus servicios para la conquista de Jamaica. Esta isla había sido cedida por la Corona a Alonso de Ojeda y Diego de Nicuesa (más tarde nos ocuparemos de sus historias) como base de operaciones para la exploración de Tierra Firme. Sin embargo, ante lo que veía como una violación de sus derechos, Diego Colón tomó la delantera en la ocupación de la isla. Juan de Esquivel arribó con sesenta hombres al norte de la futura Jamaica en 1510, donde fundó las bases de Nueva Sevilla y Melilla, además de un astillero, con el objetivo de expandirse hacia el sur. Pero se llevó una decepción al comprobar la inexistencia de riquezas de ninguna clase. Muchos de sus hombres le abandonaron. 

Al principio, Esquivel obró bien iniciando los repartimientos de tierras para su cultivo y preocupándose por la conversión de los pacíficos nativos, pero estos empezaron a escapar hacia los montes. El conquistador decidió someterlos por la fuerza a un régimen de explotación. El rey envió a un inspector a la isla y, a pesar de que la agricultura y la ganadería prosperaban, empezaron a acumularse cargos sobre su cabeza. El 10 de diciembre de 1512 se emitió una cédula en la que se enumeraban sus faltas apartándolo de su mando.

Juan de Esquivel falleció al año siguiente por causas desconocidas, tras diez años de conquista desde el inicio de la pacificación de Higüey. Esta oscuridad que rodea su final, la crueldad de la que tantas veces hizo gala con los indios y el hecho de que Jamaica fuera una isla poco valorada por el Imperio Español -pronto pasaría a manos inglesas, por lo que la cultura española apenas dejó huella en ella- hacen que esta figura no sea tan recordada como otros célebres conquistadores. Sin embargo, en este blog no queremos olvidar a ninguno de los protagonistas del apasionante hecho de la Conquista, por lo que hemos dedicado una entrada a Juan de Esquivel.

martes, 11 de agosto de 2015

PONCE DE LEÓN ( II ): FLORIDA

Apartado de la gobernación de la isla que él mismo había conquistado, Ponce de León podía haberse retirado junto a su esposa india -bautizada como doña Leonor- y sus tres hijos dejando un ya brillante legado para las siguientes generaciones. Pero llegó a sus oídos que al norte de Cuba se situaba la inexplorada tierra de Bímini, donde se cuenta (aunque él no lo menciona en ninguno de sus escritos) que pensaba encontrar la mítica Fuente de la Juventud, la cual "volvía a los viejos mozos".

No tardó en obtener el permiso del rey para ocupar esta misteriosa tierra, y en marzo de 1513 partió de Puerto Rico al mando de dos carabelas y un bergantín. Contaba con la ayuda del experto piloto Antón de Alaminos, compañero de Colón en el descubrimiento de América. Pasadas las Bahamas, el Domingo de Resurrección avistaron lo que creyeron ser una isla; poco después desembarcaban en un punto indeterminado de la costa este de lo que hoy conocemos como la península de Florida, así bautizada por Ponce de León en honor al día de su descubrimiento: la Pascua Florida. Navegaron por el litoral hacia el sur, dándose cuenta de que los barcos avanzaban hacia atrás, aunque el viento les impulsase en sentido contrario. Era la poderosa corriente que más tarde los galeones españoles utilizarían para transportar más rápidamente el oro de las Indias a la Península, la Corriente del Golfo.

Circunnavegaron la península hasta el último de los Cayos de Florida. Para los españoles se trataba de un hábitat contra el cual nunca antes se habían enfrentado: pantanos, tormentas, humedad, terribles mosquitos y aligátores. Los indígenas fueron hostiles desde el principio. Se dieron cuenta de que uno de ellos chapurreaba el castellano, lo que ha hecho pensar a los historiadores que quizás no fuera el primer contacto que tenían con europeos. Un ataque indio en un lugar denominado Matanzas a causa del violento episodio obligó a Ponce de León a regresar a Puerto Rico, mientras el piloto Alaminos se detenía un poco más de tiempo empeñado en hallar la tierra de Bímini.

Cuando regresó, Ponce de León supo que su esposa había fallecido. Tardó ocho años en encabezar una nueva expedición a Florida. Animado por el éxito de Hernán Cortés en México, se decidió a partir en 1521, ya con el objetivo de establecer una colonia. Trajo consigo un gran número de colonos, hombres y mujeres, con medios para labrar la tierra, así como religiosos para la evangelización. Parecía que por fin iba a lograrlo. Sin embargo, los indios seguían sin abrigar buenas intenciones y, como ocho años atrás, no les pusieron las cosas fáciles. Una herida infectada en el muslo, fruto de una de las muchas flechas que volaban por los pantanos dispuestas a clavarse en las gargantas de los expedicionarios, acabó con su vida después de que, resignado, ordenara la retirada a Cuba de la expedición. Así termina la historia de nuestro primer conquistador. Décadas después, en 1565, Menéndez de Avilés fundará por fin la primera ciudad de Florida y de los futuros Estados Unidos: San Agustín.




sábado, 8 de agosto de 2015

PONCE DE LEÓN ( I ): PUERTO RICO

Comenzamos nuestra galería de personajes con el primer europeo conocido que arribó a las costas de los futuros Estados Unidos. Estamos hablando de Juan Ponce de León.

En contra de lo que su nombre hace suponer, el conquistador no nació en la ciudad de León sino en la pequeña localidad vallisoletana de Santervás de Campos (1460) en el seno de una familia noble. Se crió en Sevilla en casa de un pariente y fue paje del rey Fernando el Católico; su inclinación a las armas lo llevó a tomar parte en la reconquista de Granada, después de lo cual prefirió embarcarse al Nuevo Mundo recién descubierto en vez de afincarse definitivamente en la Península, probablemente en el segundo viaje de Colón (1493).

Unos años después el gobernador de Las Antillas, Baltasar de Ovando, le encargó, tras la conquista de la isla La Española (1503) el gobierno de una de las nuevas provincias. Desde allí, Ponce de León salta a la primera fila de la historia tomando la iniciativa en una nueva aventura: la conquista de Borinquén, la actual Puerto Rico. Esta ambición le llevó a enfrentarse al hijo del descubridor, Diego Colón, que creía poseer el derecho a todas las tierras descubiertas por su padre. Sin embargo, el rey termina por apoyarle y en 1508 funda el primer asentamiento, Cáparra. La colonización de la isla es rápida: las armas de los nativos son muy primitivas, pelean sin apenas defensas y Ponce cuenta con la inestimable alianza del cacique Agüeybana y la ayuda de los temibles perros de batalla españoles. Entre estos destacaba su legendario can: el fiel alano Becerrillo, que por su astucia y eficacia tenía derecho a doble ración de carne y a sueldo de ballestero. El rey Fernando otorgó a la isla el primer escudo de armas de América, por lo que nuestro protagonista otorgó a Cáparra el nuevo nombre de San Juan de Puerto Rico.

Convertido en gobernador, entramos ahora en una de las caras oscuras de nuestro personaje. Ponce de León, en vez del objetivo original de evangelizar a los indígenas, los puso a trabajar en las minas de oro explotando al máximo los recursos de la isla. Esto propició la rebelión de los caribes y los arahuacos tras la muerte del fiel cacique Agüeybana y el comienzo de una revuelta que terminó con la vida de la mitad de los españoles, paralizando la producción de oro. Pero Ponce de León organizó la defensa, logrando dispersar a los rebeldes y sofocando la revuelta. En ella los perros como Becerrillo tomaron un importante papel al capturar a los indios prófugos.

Se cuenta que unos soldados obligaron a una anciana india a llevar una carta a Ponce de León a la capital, pero en cuanto se dio la vuelta y echó a andar le soltaron a Becerrillo para matarla. El inteligente animal corrió hacia ella, pero en cuanto la alcanzó esta se arrodilló ante él suplicándole clemencia, porque era aliada de los cristianos. El perro husmeó la carta, orinó en torno y se marchó sin hacerle daño. Los bromistas, avergonzados, creyeron que Dios había intervenido para salvar a la inocente indígena. Ponce de León, enterado del suceso, mandó ponerla en libertad.

Pero las actividades del gobernador de Puerto Rico llegaron a oídos de la Corona; se obligó a Ponce de León a devolver parte de las ganancias y a ceder el puesto a Diego Colón. Sin embargo, sus hazañas no terminan aquí. En el siguiente artículo veremos a qué nuevas tierras lo impulsó su sed de gloria. Atrás dejaba una isla despoblada por la guerra, los trabajos forzados y las enfermedades traídas de Europa contra las cuales los indios no contaban con defensas apropiadas. Otros serían los que la habitarían en adelante.

viernes, 7 de agosto de 2015

PRETENDEMOS

En este blog pretendemos rendir un homenaje a todos aquellos, desde los que han dado nombre a países hasta el último soldado anónimo, que han participado, para bien o para mal, en el descubrimiento y conquista del NUEVO MUNDO
Queremos tender lazos entre las dos orillas del Océano recordando aquellos momentos en los que se juntaron nuestras dos Historias para siempre.